¿Presidente o preso? La figura de Lula divide a Brasil
BRASILIA. La mitad de los brasileños quiere que el
expresidente Luiz Inácio Lula da Silva gane las elecciones del año que viene y
regrese al cargo que ocupó entre 2003 y 2010. La otra mitad lo quiere en la
cárcel por una condena por corrupción.
Esos sentimientos enfrentados dan contexto a una
importante cuestión mientras las campañas electorales calientan motores para
los comicios de 2018: ¿Podrá Lula, que ha apelado la condena, presentarse a las
elecciones?
“Que Lula se presente o no marca toda la diferencia
en las próximas elecciones”, dijo Carlos Melo, profesor de ciencias políticas
en la Universidad Insper de Sao Paulo. “Aunque esté en la cárcel no estará
fuera de la campaña, ya que cualquiera a quien él apoye podría ser un candidato
competitivo”.
Lula lidera los sondeos y está haciendo campaña en
todo el país mientras apela el veredicto de culpabilidad. Si se respalda el
fallo, podría ir a prisión y verse inhabilitado como candidato. Si se revoca,
Lula afronta otros procesos judiciales que podrían interferir con su campaña.
Pese a los reveses, Lula ha visto subir su
popularidad desde la condena, confirmando el hecho de que probablemente sea una
fuerza a tener en cuenta en las elecciones de una manera o de otra.
El presidente de un grupo de tres magistrados ha
dicho que espera que la corte falle en la apelación de Lula antes del próximo
agosto. Los comicios son en octubre.
Lula fue condenado en julio por el juez Sergio Moro
dentro de una gran investigación sobre sobornos de firmas constructoras y
funcionarios públicos. Lula fue condenado a 9 años y medio de prisión e
inhabilitado de ejercer un cargo público durante siete años.
Pero mientras los candidatos buscan la forma de
posicionarse en función del destino legal de Lula, también hay dudas sobre si
su Partido de los Trabajadores tiene un plan B.
“La candidatura de Lula es irreversible”, dijo a
The Associated Press la presidenta de la formación, Gleisi Hoffmann.
Ciro Gomes, exministro en un gobierno de Lula y
aspirante a la presidencia, tiene otra opinión.
“El Partido de los Trabajadores tendrá un
candidato, pero no será Lula”, afirmó Gomes hace poco en una conferencia en Sao
Paulo.
Las elecciones son el 7 de octubre de 2018, con una
probable segunda vuelta tres semanas más tarde si ninguno de los candidatos
obtiene más del 50% del voto.
Lula tiene un apoyo del 35% para la primera ronda,
según un sondeo de la encuestadora Datafolha, en comparación con el 17% de su
rival más cercano, el congresista Jair Bolsonaro, un excapitán del Ejército que
se deshace en elogios a la dictadura que dominó Brasil de 1964 a 1985.
El sondeo también indica que Lula derrotaría a
cualquier adversario en segunda vuelta excepto por un empate con Moro, el juez
que le condenó y que ha reiterado que no se presentará pese a que muchos
brasileños lo consideran un héroe.
Por otro lado, el 54% de los brasileños encuestados
dijeron que quieren al expresidente en prisión.
El sondeo se realizó el 27 y 28 de septiembre,
después de la condena de Lula en la investigación Autolavado. Datafolha
entrevistó a 2.772 personas y dijo que la encuesta tenía un margen de error de
dos puntos porcentuales.
En total, el sondeo dijo que da Silva se ha vuelto
más popular desde su condena. En julio, Datafolha determinó que tenía el
rechazo del 46% de los votantes y empataría con la exministra Marina Silva en
una segunda vuelta, frente al 42% de los votantes en octubre que dijeron que no
apoyarían al expresidente.
Hoffmann cree que la pésima popularidad del actual
presidente, Michel Temer, que se mantiene en torno al 3% en los sondeos
recientes, es un motivo clave para que Lula gane fuerza.
“La gente mira a Temer y piensa en todas las cosas
buenas que hizo Lula en el cargo. La diferencia es estremecedora. Y la gente se
ha dado cuenta de lo politizadas que están las investigaciones en su contra”,
dijo.
Otro factor que alimenta la ventaja de Lula es la
división entre sus rivales, que no se han agrupado en torno a un candidato
“antiLula”.
El conservador Partido Brasileño de Social
Democracia está dividido entre dos posibles candidatos: el gobernador de Sao
Paulo, Geraldo Alckmin, que perdió las elecciones presidenciales contra Lula en
2006, y el alcalde de Sao Paulo, Joao Doria. Por ahora, ambos alcanzan menos
del 10% de apoyo en los sondeos.
Lula ha celebrado grandes mítines por todo el país.
Afirma que los cargos en su contra tienen motivaciones políticas y promete
tiempos mejores en la economía, un mensaje que cala mientras Brasil lucha por
salir de su peor recesión en décadas.
Sin embargo, la decisión de la corte sobre su
apelación podría desbaratar su campaña en cualquier momento.
Fernando Castelo Branco, profesor de derecho en la
Universidad PUC de Sao Paulo, dijo que la candidatura de Lula se revocará si se
respalda su condena antes del inicio oficial de la campaña electoral en agosto.
“Si ya ha registrado su candidatura, la corte
todavía podría respaldar la condena o aumentar su condena, y en ese caso su
candidatura se anularía”, dijo Branco.

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